Ácido láctico: una alternativa al ácido glicólico para pieles sensibles

Nuestra piel está protegida por una fina capa de células muertas (estrato corneo), que se van eliminando de forma natural. Con la edad o los daños por la exposición solar, esa habilidad natural de exfoliación se va deteriorando de forma que las células muertas se van acumulando, dando lugar a una piel apagada y sin vida.

El uso regular de exfoliantes químicos puede impulsar ese proceso ya que actúan disolviendo el pegamento que las une, facilitando así su eliminación. La capa de células renovadas tiene así la oportunidad de resurgir, dando paso una piel más luminosa, uniforme y con arrugas menos pronunciadas. En definitiva, una piel con una apariencia radiante. Si te interesa conocer todas las propiedades de los exfoliantes químicos puedes echar un vistazo a esta entrada: «Exfoliantes químicos: ¿qué son los AHA y BHA?».

El ácido láctico pertenece a los alfahidroxiácidos o AHAs. Dentro de este grupo, el exfoliante más popular es el ácido glicólico: al tener un tamaño molecular menor, es el más potente y sus efectos pueden apreciarse de forma rápida y visible. Sin embargo, eso también tiene una parte negativa, y es que puede resultar irritante para las pieles sensibles.

En este sentido, el ácido láctico es más suave que el anterior, probablemente por tener un tamaño mayor y penetrar menos en la piel. Por tanto, constituye una fantástica opción para aquellas personas que tengan problemas de sensibilidad con el glicólico.

Como su nombre sugiere procede de la leche, aunque la mayoría de las formas usadas en cosmética son sintéticas. Esto no compromete su efectividad y sin embargo resulta más fácil trabajar con ellas y estabilizarlas, además de ser veganas.

Algo importante a tener en cuenta es que al igual que sucede con el resto de ácidos, su efectividad depende de la concentración y del PH. Por esta razón debemos escoger siempre productos bien formulados, cuyas concentraciones de ácido se encuentren entre el 5-12% con un PH de entre 3 y 4.

Eligiendo un buen producto conseguiremos sacar el máximo partido a nuestro exfoliante, ya que el láctico al igual que el glicólico, ayuda a disminuir las manchas en nuestro rostro, y en concentraciones de 8-12%, mejora la apariencia de las arrugas, unifica una textura irregular o aumenta la firmeza de nuestra piel.

El ácido láctico refuerza también la barrera natural de protección de la piel ya que la estimula para que produzca más cerámidas (otra de las razones por las que se recomienda para la piel sensible). Es además antioxidante y forma parte del factor natural de hidratación de la piel. De hecho, aunque su habilidad para aumentar el colágeno no está todavía del todo probada (ahí gana el glicólico), tiene una magnífica propiedad: es un fantástico humectante o lo que es lo mismo, un imán para atraer agua a nuestra piel y mantenerla hidratada.  

Como ves el ácido láctico constituye una fantástica alternativa al ácido glicólico para aquellas pieles sensibles que necesiten además un extra de hidratación. Es cierto que en la mayoría de las ocasiones se encuentran combinados, pero se pueden encontrar opciones en el mercado que incluyen sólo el láctico en la lista de AHAs.

Y tú, ¿prefieres el ácido láctico al glicólico o no tienes problemas en utilizar ambos para exfoliar tu piel?

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